El primer encuentro fue súbito e inesperado, todos nos pusimos nerviosos, incluso el pobre animal que no esperaba encontrarse en lo más recóndito del bosque con nosotros. La pudimos ver muy cerca, sobre un remanso del Albarragena encorsetado entre farallones de granito. Habíamos entrado en el paraíso y acababamos de toparnos con una de sus joyas.Tiempo después tuve la suerte de acechar a la cigueña negra, antena en mano durante días por esos caminos del señor, ¡Qué buenos momentos!¡qué buena compañía!
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